Mucha mierda: ¿de dónde proviene la expresión?

Por: José Luis Chicano

MUCHA MIERDA

Por casi todos es conocida la expresión mucha mierda, pero pocos saben a ciencia cierta de dónde proviene dicha terminología. En el contexto de las Artes Escénicas, tal voz viene a significar “mucha suerte”. Y como Artes Escénicas vamos a entender el concepto clásico de las mismas, a saber: Música, Danza y Declamación. Lo que los griegos venían a definir como Musiké, o literalmente Arte de las Musas. Por tanto, el vocablo griego que más tarde ha evolucionado hacia la música, en su génesis, en su patrimonio primigenio, englobaba no sólo a ésta, sino también a lo que hoy conocemos como dramaturgia o Arte Dramático, y Danza.
Pero volvamos a lo que nos atañe. A la mierda. El caso es que igual que a día de hoy, la relevancia general de cualquier espectáculo, de cualquier obra de arte, se mide en base a su repercusión social. En definitiva, a la audiencia. Lo cual no debería ser así porque la calidad estética no es cuantitativa, sino que es cualitativa. Por esa regla de tres, la música comercial sería mucho más relevante que la música culta o clásica. Pero a fin de cuentas, la triste realidad es esa: la audiencia manda. Basta con poner la televisión y contabilizar las horas a la semana que hay de emisión de programas cuyos contenidos versen en torno a la danza o la música clásica. El público es soberano. En la actualidad, existen sofisticados sistemas y aparatajes para medir el share. Medidores de audiencia los llaman. Todos hemos escuchado hablar de ellos, pero jamás nadie los ha visto. El caso es que hace quinientos años, tal tecnología aún no existía. Aunque por otro lado era absurdo que existiera, pues aún no habían sido inventadas ni la radio ni la televisión. O por lo menos no tenemos constancia de ello. Pero aunque la técnica no estuviera tan avanzada, no quiere decir que no existieran métodos más rudimentarios para la cuantificación de dichos parámetros. Porque, efectivamente, sí había medidores de audiencia desde el comienzo de los tiempos, o por lo menos desde que el Arte se hace público. Y aunque el Arte debe ser democratizado y de fácil acceso por parte de la sociedad, eso no quiere decir que el artista, el músico, el bailarín, el rapsoda trabajen por amor al arte. Esto da pie para un fácil juego de palabras. El Arte no se hace por amor al Arte. El artista también come. Aunque no lo parezca. Pero también come, también orina y también evacua. Y para crear hay que tener las necesidades fisiológicas básicas cubiertas. Por tanto, para el coreógrafo, el compositor o el dramaturgo es necesario que su obra tenga repercusión. Repercusión social y mediática. En otras palabras, que el teatro esté lleno. Mientras más entradas se vendan mejor. Eso ha sido así siempre. Y así lo será. Ayer, hoy y mañana.
En la actualidad tenemos muchos medios para ir al teatro. En bicicleta, en trasporte público, en coche, en el coche de San Fernando, o lo que es lo mismo, un ratito a pie y otro caminando, incluso en metro. La elección del trasporte es nuestra. Pero sea cual sea ésta, no dejamos un rastro detrás nuestra. En el pasado esto no era así. Las opciones variaban entre ir andando o ir a caballo. Y quien dice caballo dice cualquiera de sus modalidades ecuestres. Llámese burro, mula, yegua o coche de caballos. Normalmente, las personas, por aquello del control de esfínteres no solían defecar por la calle, pero las bestias, sería por tener menos pudor, sí lo hacían. De hecho, lo siguen haciendo a día de hoy. De esta forma, los parquines de los teatros de antaño, de los viejos corrales de comedias estaban atestados de jamelgos. Jamelgos y coches de caballos, cuyos aurigas, tras dejar éstos cuidadosamente aparcados, no se los fueran a multar y en el peor de los casos llevar la grúa (grúa equina se entiende), estaban en el interior del corralón disfrutando de la obra de teatro. Por tanto, mientras más caballos hubiese en la puerta de los teatros estacionados, más público habría dentro. A más público dentro, más dinero hecho en taquilla. Al final todo se reduce a eso. Dinero, dinero y más dinero. Triste pero cierto.
La cuestión recae en que a nadie se le ocurrió en aquellos tiempos ponerse a contar caballos. Básicamente porque la gran mayoría de la población era analfabeta y no sabría enumerar más del diez. El medidor de audiencia no se centraba en el número de caballos del aparcamiento, sino en las heces que éstos dejaban. A más heces más caballos, y a más caballos más público asistiendo a la representación. Por tanto, que hubiera una gran cantidad de excrementos equinos a las puertas de un teatro venía a significar que más publico asistía a la obra. Por tanto, más dinero. Más éxito. A más mierda, mayor triunfo. Por ello, cuando se estrenaba una obra, los productores de la misma anhelaban que los alrededores del lugar acabasen como un auténtico cenagal. Anhelaban la inmundicia, pues eso les reportaba mayor beneficio. Por ello, no era extraño que para desear suerte, para dar las mejores bendiciones de cara a un estreno, se usara la terminología mucha mierda. Que hubiese mucha mierda. Eso significaba que hubiese mucho público, que la obra tuviera una gran aceptación.
Esta forma de desear suerte, de aportar los mejores deseos, aunque ya obsoleta, dado que los actuales medios de locomoción en vez de lanzar a la atmósfera propano y demás gases producidos por las ventosidades y excrementos de los animales, expulsan gases tóxicos mucho más perjudiciales para nuestra ya dañada capa de ozono, se sigue utilizando dentro del ámbito de las disciplinas artísticas. Es más, se dice que el mero hecho de desear suerte como tal es contraproducente. La suerte trae mala suerte. Es un arcaísmo, una superstición. En definitiva, una tradición, pero muy bien fundamentada cultural y antropológicamente. Los viejos hábitos del pasado permanecen vivos pese al paso del tiempo. Costumbrismo e innovación siempre van de la mano. Por tanto, ¿qué hay de malo en decir mucha mierda en vez de mucha suerte?. Yo por si acaso, seré rancio en ese aspecto, por lo menos en el artístico. Por tanto, mucha mierda a todos y a todas.

Más información:

http://www.muchamierda.net/?cat=1

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