El Festival Internacional de Artes Escénicas de Sevilla arranca su octava edición

El Festival Internacional de Artes Escénicas de Sevilla se da cita un año más en la capital hispalense. Este año el Fest reunirá a 23 compañías, ofreciendo un total de 57 actuaciones, que se llevarán a cabo desde el miércoles 18 de diciembre hasta el 28 de enero. La inauguración tendrá lugar en el teatro Lope de Vega, teniendo como resto de sedes las siguientes: Centro TNT, Sala Cero Teatro, La Fundición y La Imperdible.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/12/18/andalucia/1387390984_909116.html

http://www.sevillafest.com/

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La tumba de Antígona: reflexiones sobre una conferencia de Annick Allaigre

Por: José Luis Chicano

Esta obra de la malagueña nacida en Vélez-Málaga, María Zambrano, fue escrita en la La Piéce (Francia) y editada por primera vez en México en 1967. En ella, la discípula de Ortega retoma el tema del Mito de Antígona, pero reescribiendo el final original de Sófocles. No es la primera vez que este personaje femenino es retomado, de hecho, autores españoles como José María Pemán, Espriú o José Bergamín ya antes habían tratado el argumento de Sófocles de alguna u otra forma.
Pero en la obra de Zambrano tiene lugar un nuevo parámetro. Por primera vez Antígona tendrá voz, pues la filósofa malagueña será la única que dote a ésta de esa capacidad de ser. Es más, en La tumba de Antígona, la protagonista no muere. Ella no podría nunca haberse dado la muerte, pues nunca había dispuesto de su propia vida. Zambrano intenta alumbrar lo que en la tragedia de Sófocles queda a oscuras, intenta iluminar el interior del personaje, convirtiéndose en una aurora de la conciencia. El elemento trágico a través de constantes luchas de contrarios compite con ese renacimiento de Antígona. Pues la propia tumba la sitúa como una cuna o un nido. El propio término aurora es utilizado como metáfora de nacimiento. Es una constante dualidad. El blanco contra el negro de la oscuridad. Muerte vs. nacimiento. La tumba de Antígona frente a la “no tumba” de su hermano. El propio graznido de los pájaros que en el original de Sófocles representa la voz de Ella de una forma despectiva, en la obra de la Zambrano ya posee connotaciones positivas. Una lucha dialéctica constante. Se trata de la defensa de la protagonista frente al original sofocliano.
También hay otra novedad en la obra de Zambrano respecto a las anteriores Antígonas. El propio título. Emerge en esta ocasión la terminología Tumba, o Tombeau en francés. A este respecto, Annick Allaigre sitúa esta diferenciación como un nuevo espacio físico donde desarrollar la acción, un lugar dónde la protagonista podrá tomar la palabra. Existen matices y diferentes criterios para la traducción del término, pues aunque la traducción literal fuese tumba, panteón o mausoleo, desde mi punto de vista entiendo que el significado de ese tombeau es algo más que el mero espacio físico. Es una metáfora. Más que ésta, un homenaje. Porque la utilización de este término no es algo nuevo en la historia de las Artes. Por lo menos en el ámbito musical ya existen antecedentes históricos que así lo demuestran. Ya en el Barroco el clavecinista francés Louis Couperin usó dicho título para una obra, Tombeaux. La significación de ésta viene a ser lamento; suelen ser obras musicales con valor similar al de un epitafio en literatura. Un homenaje a su maestro difunto, en este caso. De hecho Don Randel, en su Diccionario Harvard de Música (1986), la voz tombeau aparece con la traducción literal tumba, pero inmediatamente te manda a la voz lamento. Es por ello, que entiendo dicho término en sentido metafórico, por lo que se podría hablar de Homenaje a Antígona o Lamento por Antígona. Ulrich Michels en su Atlas de Música (1977) va más allá, pues el teórico alemán sitúa el término tombeau como un género musical con entidad propia paralelo al lamento otorgándole contenido programático en calidad de canto fúnebre o sepulcral. Además, este término no fue utilizado de manera aislada, pues ya en el siglo XX también fue usado por Maurice Ravel en su obra-homenaje para piano Le tombeau de Couperin. Fue un recurso compositivo muy cultivado en la Francia de principios del siglo XX, por los mal denominados impresionistas (éste apelativo en sentido estricto sólo puede ser otorgado a Claude Debussy), que querían volver a su pasado musical glorioso, basándose dentro de su propio estilo en la obra de Rameau o Couperin. El compositor del conocido Aprendiz de brujo, Paul Dukas, también fue homenajeado de esta manera a su muerte con Pour le tombeau de Paul Dukas por Manuel de Falla o con Pièce pour le tombeau de Paul Dukas de Olivier Messiaen, ambas fechadas en 1935. Otros compositores coetáneos también fueron recordados (en la mayoría de las veces por sus alumnos) de esta forma, entre ellos, el propio Debussy.
Tras esta discusión terminológica, también es cierto que la versión de Annick Allaigre de que tombeau se refiere a un espacio físico también tiene visos de estar fundamentada, pues aporta un paralelismo entre la tumba y la casa, pues como ella misma cita, para “Antígona de Zambrano, su tumba es su casa”, tal como la propia obra expone en ritmo ternario: “Oh tumba, tálamo nupcial, soterránea mansión”. De hecho, se describe ésta con una serie de cualidades, como es la propia descripción de ésta. En lucha de elementos contrarios con la oscuridad, con el color negro, Zambrano otorga a la tumba el color blanco, como describe en la piedras níveas que conforman ésta. Pero la tumba no es un lugar físico concreto, pues cada vez que aparece un nuevo personaje, la escritora se refiere al sepulcro con el deíctico aquí. En palabras de Allaigre, “se transforma la tumba en un `no lugar´. El lugar del no lugar”. Esto aporta una variable nueva a la obra, pues al crear este espacio no físico y atemporal ayuda a una puesta en escena de la misma. Al referirse con el aquí, ese lugar puede ser cualquier lugar. Cualquier escenario puede ser válido para dicho espacio. De la misma forma, cualquier tiempo es válido también. Pues otra vez en palabras de Allaigre: “Zambrano crea un tiempo atemporal; es un tiempo sin límites”. Se sitúa este parámetro como un continuo cíclico. Un tiempo no real. Es por ello que la propia Antígona no muere, se trata solamente de un tránsito, dónde todo fluye. Así, Antígona está encerrada en un “no lugar” y en un “no tiempo”. Esto representa un bucle, una espiral, que hace que la tumba no sea el lugar dónde pueda acabar la vida de la protagonista. Es un “no estancamiento”, haciendo Zambrano de Antígona un ser errante. Éste es el hecho de que la tumba no sea definitiva, que haga de ésta un tránsito, un tránsito atemporal, en definitiva, es el sino del errante. Y aunque sea su casa, no es así, pues en todo momento Ella se sentirá como una huesped, y mientras así sea será un extranjero de por vida. Se trata de un ser desarraigado. Podría considerarse como un paralelismo con la vida de la propia escritora, cuyo exilio estuvo en continuo devenir. Fue un exilio errante. Ésa imagen se proyectará en la obra.

Annick Allaigre

http://www2.univ-paris8.fr/ef/spip.php?article57

Para más información sobre la obra de María Zambrano

http://www.ub.edu/smzambrano/resenyas/LA_TUMBA_DE_ANTIGONA.pdf

Bibliografía:

Randel, D. “Diccionario Harvard de Música”. Alianza. Madrid. 2006.

Michels, U. “Atlas de Música”. Alianza. Madrid. 1987.